Desde hace siglos se conoce que los  artistas están expuestos a padecer accidentes y enfermedades vinculadas a riesgos existentes en su trabajo, y dentro de la gran familia del arte, los pintores constituyeron siempre un grupo especialmente vulnerable a los riesgos de toxicidad por los materiales empleados. Hoy, el artista compra sus pinturas envasadas, y la preparación de los tonos que busca para su paleta se basa en la combinación de colores fabricados industrialmente, pero en otros tiempos, si quería plasmar sus sueños en imágenes cromáticas debía recurrir a los conocimientos y habilidades técnicas de la época para poder componer sus pinturas en forma artesanal, fundiendo metales, cultivando plantas y hasta macerando y mezclando pigmentos minerales u orgánicos lo que generaba un enorme espectro de exposiciones a tóxicos que eran inhalados, digeridos o absorbidos por la piel.

La obtención de los pigmentos necesarios para luego combinarlos en la paleta y lograr así́ los colores buscados, constituía una tarea compleja y peligrosa. Para tener una idea, el color rojo podía lograrse tanto a partir del bermellón, es decir, del sulfuro de mercurio, del minio plúmbico (dos agentes extremadamente tóxicos), del óxido de hierro, de la raíz del arbusto Rubia tinctorium o bien del carmín extraído de los cuerpos disecados de los especímenes hembra de un insecto hemíptero, la cochinilla grana (Dactylopius coccus), natural de México y Perú́.

En la historia de las artes se ha hablado de putrefacción del ceramista, cólico de los pintores, sombrereros locos y enfermedad de los escultores, todas  manifestaciones relacionadas con riesgos ocupacionales. En el caso particular de los pintores, muchas veces se desconoce la gran cantidad de elementos químicos peligrosos para la salud que se encontraban en la paleta del artista, aunque ya Bernardino Ramazzini (1633-1710), en el capítulo referido a los pintores de su obra magna “De Morbis Arti cum Diatriba”, mencionaba como agentes químicos tóxicos incluidos en sus preparaciones, por ejemplo, al sulfuro de mercurio, llamado cinabrio o bermellón, por su color característico, al minio (tetróxido de plomo), a la cerusa (carbonato de plomo), al ultramarino (plata) y al verde bronceado. En tiempos modernos podemos agregar el cadmio, el cromo, el antimonio, el manganeso y el cobalto.

Entre los grandes pintores de cuyas patobiografías puede sospecharse que vivieron, y algunos hasta murieron, por exposición prolongada al plomo, se encuentra Michelangelo Merisis (1571- 1610), comúnmente conocido como Caravaggio, muy influenciado por Miguel Ángel, casualmente otro afectado por los pigmentos con plomo. (Figura 1).

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Figura 1: Retrato de Caravaggio, dibujo de Ottavio Leoni.

Caravaggio fue el pintor que mejor representó el Barroco italiano, creador del tenebrismo, técnica pictórica caracterizada por el uso de marcadas diferencias entre luces y sombras. Desde el punto de vista de los temas y las figuras, Caravaggio fue un auténtico revolucionario, un transgresor que escandalizaba con sus obras a la sociedad romana. Elegía mayormente temas religiosos, pero luego los inundaba de personajes cargados de realismo, recurriendo a modelos reclutados entre gente de la más baja condición. Habitué de prostíbulos, jugador, pendenciero, vivía buscando la protección de algún cardenal que apreciara su talento y que a la vez lo resguardara de la mano de la justicia que lo perseguía por sus deudas, peleas, crímenes y sacrilegios.

“La muerte de la Virgen María”, de 1608, es un cuadro que provocó un enorme rechazo de la gente y de la Iglesia, y provocó su convocatoria ante el tribunal de la Inquisición romana por sacrilegio, pues se decía que para representar a María había usado de modelo el cadáver de una prostituta encinta que se había suicidado arrojándose a las aguas del Tíber. No es la María de las Asunciones, rodeada de un coro de ángeles. Es María en su condición humana, una mujer del pueblo, un cadáver auténtico con signos de haber padecido una enfermedad real, con los pies hinchados, la mano  fláccida y el abdomen que ya ha comenzado a abultarse. La rodean María Magdalena y algunos de los Apóstoles, sin aureolas de santidad, en un ambiente sumamente humilde. (Figura 2) Afortunadamente, la Inquisición italiana no tenía la dureza de la española; de lo contrario, distinto hubiera sido el destino de Caravaggio.

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Figura 2: Fragmento de “La muerte de la Virgen”, Caravaggio (1606). La escena, plena de realismo, elude los signos habituales de santidad en la pintura. Museo del Louvre, Paris.

En varias representaciones que hizo de la escena bíblica en que David vence a Goliat, se autorretrató en las cabezas degolladas del gigante, actitud con la que el artista sin duda ha proyectado sus conflictos más tortuosos. Él mismo tenía la obsesión de que iba a morir decapitado, quizás con el complejo de culpa por las acciones violentas y condenables que protagonizaba. Su colega, el pintor Floris van Dijk, dijo de él: “Después de varios años de trabajo, Caravaggio pasó de una ciudad a otra sirviendo a varios señores importantes. Es una persona trabajadora, pero a la vez orgullosa, terca y siempre dispuesta a participar en una discusión o a enfrascarse en una pelea, por lo que es difícil llevarse bien con él”. (Figura 3)

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Figura 3: “David con la cabeza de Goliat” óleo de Caravaggio, que se ha autorretratado en la cabeza del gigante degollado. Galeria Borghese, Roma.

En 1606 mató a un hombre en una pelea callejera, por lo cual debió́ escapar apresuradamente de Roma, de donde solo le permitieron retornar varios años después. En ese período pasó por varios lados, entre estos, la isla de Malta, donde en reconocimiento a haber pintado su retrato, el Gran Maestre de la Orden de los Caballeros de Malta lo acepta como Caballero. Grave error, a los tres meses debió expulsarlo de la Orden por considerarlo un “miembro pútrido y fétido”, aunque nunca se pudo saber la causa. Apresado y encerrado, pudo fugarse con la complicidad de algún mecenas poderoso. (Figura 4)

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Figura 4: Alof de Wignacourt, Gran Maestre de la Orden de Malta. Oleo de Caravaggio, 1608. Museo del Louvre, Paris.

Cuando consiguió́ el perdón del Papa, decidió regresar a Roma, donde había tantas iglesias para pintar. Lamentablemente, el viaje resultó sumamente accidentado; en Porto Ercole fue apresado por equivocación y al ser liberado al día siguiente perdió́ el barco que debía llevarlo a Roma, lanzándose a continuar el viaje bajo el sol de un tórrido verano. (Figura 5) No llegó muy lejos; afectado por su anemia crónica, no pudo resistir la fatiga, la hipertermia y la deshidratación y murió en el intento.

Figura 5: Porto Ercole en la actualidad. Es probable que Caravaggio haya estado detenido en la fortaleza que vigila la bahía desde la altura del cerro, ya que era llamada "la rocca spagnola" y contenía el presidio.

Figura 5: Porto Ercole en la actualidad. Es probable que Caravaggio haya estado detenido en la fortaleza que vigila la bahía desde la altura del cerro, ya que era llamada “la rocca spagnola” y contenía el presidio.

Nunca se supo el destino de su cadáver, hasta que al conmemorarse los 400 años de su desaparición, en 2010, un grupo de paleopatólogos italianos develó el misterio de cuatro siglos. El equipo liderado por el historiador y paleopatólogo Silvano Vinceti comenzó por seguir la pista dada por documentos de la época que indicaban que Caravaggio había sido enterrado en el cementerio San Sebastián de Porto Ercole. En una fosa común hallaron veinte cuerpos de la misma época del fallecimiento del pintor, que fueron estudiados con técnicas de datación por Carbono 14. (Figura 6)

Figura 6: El equipo del Profesor Vinceti investiga los huesos hallados en el cementerio de Porto Ercole en búsqueda de los correspondientes a Caravaggio.

Figura 6: El equipo del Profesor Vinceti investiga los huesos hallados en el cementerio de Porto Ercole en búsqueda de los correspondientes a Caravaggio.

Para identificar luego los restos de Caravaggio se recurrió a pruebas genéticas de ADN realizadas a descendientes de la hermana, ya que el artista no tuvo hijos. Tras una ardua tarea de pesquisa se localizó a la familia Merisi en Milán. Y ahora la sorpresa, cuando los estudios químicos de los huesos demostraron un elevado contenido de plomo acumulado, resultado de una vida de exposición profesional al metal de las pinturas. El saturnismo pudo haber sido un determinante de la agresividad y de los cambios explosivos de carácter de Caravaggio. Los restos también contaron que había padecido sífilis, nada sorprendente en un individuo que frecuentaba tanto prostíbulos de alto nivel como mujeres de la calle. Para Vinceti, Caravaggio murió  por la conjunción de la anemia y la debilidad típica de la intoxicación plúmbica, a la que se sumaron la infección venérea y el calor del verano más caliente en 50 años. (Figura 7)

Figura 7: Los restos de Caravaggio, identificados por el equipo del Dr, Vinceti, con Carbono14 y estudios de ADN. En el fondo se pueden ver el autorretrato como cabeza de Goliath, y el retrato que del pintor hiciera Ottavio Leoni. Obsérvese la similitud de ambas imágenes.

Figura 7: Los restos de Caravaggio, identificados por el equipo del Dr, Vinceti, con Carbono14 y estudios de ADN. En el fondo se pueden ver el autorretrato como cabeza de Goliath, y el retrato que del pintor hiciera Ottavio Leoni. Obsérvese la similitud de ambas imágenes.

Quedaba por resolver el enigma del anonimato de los restos, ya que ni siquiera  figuran registrados en el libro mortuorio del cementerio de Porto Ercole. Los historiadores han concluido en que se trató de una muerte ocultada por interés de las autoridades españolas que gobernaban el Reino de Nápoles, que habían detenido equivocadamente al pintor pensando que era un espía al que estaban buscando. Aunque venía huyendo de la Justicia por el asesinato cometido, el virrey español le admiraba tanto que ordenó que le liberaran.

En 2001 apareció en una iglesia de Nápoles un supuesto certificado de defunción de Caravaggio fechado el 18 de julio de 1610, que ahora se reconoce como falso, pues el pintor habría muerto un mes antes en Porto Ercole. El gobernador español, Matías López, retrasó la comunicación de la muerte de Caravaggio para ganar el tiempo que necesitaba a  fin de recoger la mayor cantidad posible de cuadros del artista muerto y enviarlos al rey Felipe II. Esta es la razón de la presencia de algunas de las obras más importantes de Caravaggio en el Museo del Prado.

Como hemos visto, Caravaggio tenía por hábito incluir su imagen en personajes de sus cuadros, lo que es evidente en su obra “El joven Baco enfermo” (1593, Museo Borghese. Italia), su primer autorretrato. (Figura 8). Si bien el color pálido de esta  figura juvenil ha hecho pensar a los críticos que se trata de un autorretrato afectado por un ataque de malaria, dicha palidez, que podría justificarse por su anemia crónica, junto al ligero tinte ictérico (amarillento) de sus conjuntivas y a la tenue pero evidente y constatable hipertrofia parotídea, permite sospechar el antecedente de alcoholismo crónico; muy propio para el dios Baco, por cierto; pero que en este caso sería patrimonio del pintor autorretratado.

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Figura 8: “El joven Baco enfermo”. Palidez de mucosas, ictericia e hipertrofia parotídea; signos sospechosos de alcoholismo crónico.

El uso intenso de colores claros y necesariamente brillantes para destacar la técnica del claroscuro por parte de Caravaggio asegura su acción por los pigmentos de plomo. Además, en uno de sus cuadros más conocidos, el bodegón que llamó “Cesta con frutas” se ha identificado el abuso que hizo Caravaggio del pigmento amarillo de Nápoles, químicamente antimoniato de plomo. (Figura 9). Es un pigmento amarillo cercano al naranja, que se creía proveniente de la lava del Vesubio; de ahí su nombre.

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Figura 9: “Cesto con frutas”, Caravaggio (1599). Pinacoteca Ambrosiana, Milán. Obsérvese el abuso del pigmento amarillo de Nápoles.

En conclusión, el descubrimiento del enigma de la muerte de Caravaggio y su relación con la intoxicación plúmbica es el resultado de una investigación paleopatológica modelo, llevada a cabo por un equipo multidisciplinario con el apoyo de la técnicas más modernas bioquímicas y genéticas, aunque no ausente de críticas, ya que algunos historiadores ponen en duda el rigor científico de Vinceti, muy afecto a las presentaciones multimediáticas de sus investigaciones. Para Vinceti, la certeza de su hallazgo es del 100 %, para sus críticos, la misma está en el orden del 85 %.

En Porto Ercole se ha erigido un abigarrado conjunto escultórico de hierro forjado en homenaje a Caravaggio, precisamente en el lugar donde fueron hallados los huesos humanos. Está integrado por una confusa conjunción de elementos que recuerdan la turbulenta vida del pintor: una enorme espada, los barrotes de una celda, una cruz de Malta, una manta extendida en el suelo y un monolito de piedra. (Figura 10)

 

 Figura 10: discutido monumento erigido en homenaje a Caravaggio en Porto Ercole. Una espada, barrotes carcelarios, la cruz de Malta, la manta extendida y el monolito aluden a la vida trasgresora del pintor y no a su arte.


Figura 10: discutido monumento erigido en homenaje a Caravaggio en Porto Ercole. Una espada, barrotes carcelarios, la cruz de Malta, la manta extendida y el monolito aluden a la vida trasgresora del pintor y no a su arte.

Prof. Dr. Antonio F. Werner

Director de la Carrera de Medicina del Trabajo (UCA)

 

Arte y Medicina
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