La fama del Dr. Arthur Conan Doyle es haber creado un mito del que hasta se han escrito notas biográficas imaginarias. Según ellas Conan Doyle estudió los apuntes de otro médico y discreto amigo de Sherlock Holmes, el Dr. James H. Watson, y se convirtió en el biógrafo más erudito del misterioso detective. Esas notas biográficas narran con envidiable certeza que vivió en Londres en el 221-B de la calle Baker, que era alto y delgado, irascible, solitario y extravagante, de cualidades asombrosas, de costumbres muy arraigadas, adicto al tabaco y a la cocaína, aficionado a la música, que tocaba el violín en un Stradivarius, practicaba tiro dentro de la casa, que tenía gran conocimiento de la química, un prodigioso y singular intelecto, gran talento en el arte de la simulación, y extraordinaria capacidad deductiva para resolver enigmas complejos.

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El Dr. Conan Doyle escribe por fuera de toda escuela literaria. Escribe como médico, razona como médico, y es original por eso. El personaje Sherlock Holmes es místico porque maneja las hipótesis y deducciones asombrosamente. Como la realidad y la medicina es al mismo tiempo incoherente y lógico, refutable e irrefutable, deductivo e irracional, fascinante y siniestro. Resuelve los enigmas como se resuelven las enfermedades, mediante el interrogatorio y la observación. Sherlock Holmes es un singular semiólogo. Los enigmas como las enfermedades hablan sus propios lenguajes secretos, y él los descifra. Y convence porque no hay quien fundamente una mejor idea.

Arthur Ignatius Conan Doyle nació en Edimburgo el 22 de mayo de 1859, hijo de Charles Altamont Doyle y de Mary Foley, ambos irlandeses y católicos. Su padre, gravemente dañado por el alcoholismo, debió ser confinado en un asilo cuando Arthur era adolescente. La enfermedad de su padre fue el fundamento para el extraño caso de demencia que Conan Doyle describe en el cuento El caso del cirujano ministrante de Gaster Fell, y que publicará en 1890.

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A los 17 años se graduó en un colegio jesuita e ingresó en la Facultad de Medicina de la Universidad de Edimburgo. Allí fue alumno del Profesor Joseph Bell, médico cirujano famoso por su talento para la deducción lógica basada en una exquisita capacidad de observación, virtud que cultivará con genio Sherlock Holmes. Bell era tan exquisito para el diagnóstico de las enfermedades mediante la observación de los pacientes que resultó para Conan Doyle un grandioso modelo para su personaje. Tanto las observaciones de Bell como las de Holmes concluían con un diagnóstico sorprendente. Sherlock Holmes existió porque Conan Doyle fue médico.

Conan Doyle concluye sus estudios de medicina en 1881. En abril de 1885 presenta su tesis para optar al título de Doctor en Medicina de la Universidad de Edimburgo. El trabajo que presenta es un ensayo sobre los cambios vasomotores en el tabes dorsal, y la influencia que ejercería sobre esa enfermedad el sistema nervioso simpático. El origen del tabes dorsal es la desmielinización de neuronas sensitivas de la médula espinal como resultado de la infección por treponema pallidum, el agente causal de la sífilis. Arthur Conan Doyle divide el trabajo en capítulos en los que describe el sistema nervioso, la anatomía patológica del tabes dorsal, los síntomas de la enfermedad, sus peculiaridades vasomotoras, y la probable acción terapéutica de la nitroglicerina en los pacientes con tabes. El objeto del trabajo fue correlacionar los hallazgos patológicos de la enfermedad con sus manifestaciones clínicas, y demostrar el posible beneficio del uso de una droga que contrarreste los efectos de la enfermedad sobre los cambios funcionales de las arterias pequeñas. Describe los efectos vasculares de la ergotamina y los compara con los síntomas del tabes dorsal, fundamenta la teoría que buena parte de los síntomas del tabes tiene su origen en el sistema simpático y sus efectos sobre la contracción de arteriolas, y propone que una droga que dilate las arterias podría ejercer un efecto benéfico sobre la enfermedad. Para tal fin propone la nitroglicerina, aunque reconoce que la ha probado en un solo paciente. Al final de su tesis destaca la necesidad de reconocer la autonomía de los enfermos, y recuerda que la experimentación empírica solo puede ser realizada con su consentimiento.

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Los puntos de vista que el Dr. Arthur Conan Doyle tenía sobre la medicina los expone en 1910 durante una conferencia que dictó para inaugurar un nuevo curso en el St. Mary’s Hospital de Paddington, Londres. En su discurso recuerda que su carrera como médico la abordó desde perspectivas diferentes. Fue médico en las afueras de Londres, en un buque ballenero que faenaba en el Ártico, en un buque mercante que cubría la ruta de África Occidental, en Sudáfrica durante la guerra de los Boers, y en un elegante barrio londinense. Reconoce que aun siendo médico ya no ejerce la profesión como tal, pero que ser médico representa un gran privilegio. Sostiene que la formación médica enseña dos requisitos indispensables para desarrollar un pensamiento adecuado: la imperiosa necesidad de documentar, y razonar solamente sobre los hechos comprobados. Queda claro que para Conan Doyle el único razonamiento adecuado es el que se fundamenta sobre hechos particulares, sobre datos observados en la realidad objetiva, tal como le había enseñado el Dr. Joseph Bell. Por encima de los principios generales en que se basa el método deductivo, para Conan Doyle el mejor método de pensamiento en medicina es la inducción, del que Sherlock Holmes será un experto. “Razonar sólo sobre hechos comprobados hasta la saciedad constituye requisito indispensable de todo pensamiento que se precie“. Del médico destaca su inviolable confidencialidad, su actitud de acudir al auxilio ante una petición de ayuda, y mantener la mente fría ante situaciones críticas. Opina que la profesión médica es extenuante, y que su estudio demanda un esfuerzo enorme.

Entre los peligros del médico señala el materialismo y la pedantería intelectual. Recuerda que jamás se alcanzan conclusiones médicas definitivas, y que lo único que habremos logrado es llegar a la mitad del camino. Los médicos “somos como niños que recogen guijarros en un océano sin límites. Sostiene que la bondad y el humanismo se alzan a la misma altura que el conocimiento. “He conocido a muchos médicos estupendamente preparados pero tan fríos de comportamiento y de actitud tan poco compasiva que más parecían jueces que amigos, y dejaban en vilo a los pacientes. Afirma que un optimismo razonable es parte de la medicina, y que ningún médico puede darse el lujo de ser pesimista. Si cree que puede conseguir la curación ya tiene la mitad del camino andado. Es un deber del médico transmitir que la curación es posible. La causa de la enfermedad es como un malvado en una obra literaria: cuando queda al descubierto se convierte en un ser inocuo. La medicina y la historia son dos formas de descubrir el origen del mal. En cuanto a la historia, la medicina nos ayuda a rastrear sus causas profundas. Así, grandes hechos dependen de la salud de un rey o de la digestión de un estadista. La generosidad, el humanismo, el arrojo, la discreción y la honra profesional son las cualidades que la medicina exige a quienes van a profesarla.

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La importancia que Conan Doyle le daba a razonar en medicina sobre hechos comprobados queda demostrada con la siguiente historia. El 4 de agosto de 1890, en el 10º Congreso Internacional de Medicina que se realizaba en Berlín, el Dr. Robert Koch, que ya había descubierto los microorganismos causantes del ántrax, la tuberculosis y el cólera, anuncia que ha descubierto el remedio para la tuberculosis. El 13 de noviembre de 1890 publica un artículo anunciando el hallazgo en la revista alemana Deutsche Medizinische Wochenschrift. Dos días después se publica en el British Medical Journal la versión en inglés del mismo artículo. Koch sostenía que su remedio destruía el tejido en el que se desarrollaba el germen especialmente en pacientes que portaban una enfermedad poco avanzada. Cuando Conan Doyle leyó el artículo sintió un impulso irresistible de viajar a Berlín para entrevistar al Dr. Robert Koch. Antes de partir informó de su proyecto al editor de la revista literaria Review of Reviews, a quien le promete enviarle su artículo. Durante su estadía en Berlín no logró entrevistar al Dr. Robert Koch, pero pudo revisar pacientes que habían recibido la “linfa de Koch”. Al día siguiente, y luego de analizar los datos clínicos, el joven Conan Doyle envía una carta de lector al Daily Telegraph, y días después su nota al Review of Reviews. Su conclusión es que todo es experimental y prematuro, que la “linfa de Koch” puede remover solo trazos del enemigo, y que solo es una admirable ayuda para el diagnóstico. Meses más tarde el propio Koch se retractó del precoz anuncio de su remedio para la tuberculosis, y aceptó que solo se trataba de un método de diagnóstico, la tuberculina. La seguridad del joven médico Conan Doyle provino de razonar solo sobre hechos comprobados, respetando la base del pensamiento científico. El Dr. Robert Koch fue temerario, mientras que el joven Conan Doyle fue prudente y reflexivo.

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Conan Doyle dedicó sus últimos años a la investigación de la vida psíquica y del espiritismo. Su empeño para propagar el espiritismo lo convirtió en un hombre excéntrico, y lo alejó de sus viejos amigos literarios. Llegó a sostener que el espiritismo era un conocimiento, no una creencia, y que era más importante que la literatura, el arte o la política. Fue miembro de la Sociedad para la Investigación Psíquica, y creó un centro dedicado al espiritismo cerca de la Abadía de Westminster. Deseaba ser recordado por sus trabajos sobre la vida psíquica más que por su creación de Sherlock Holmes.

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Investigó lo que él llamaba los “spiritualistic phenomena” y estudió las que creía eran fotografías de espíritus. Probablemente la causa de su interés por el espiritismo fue la muerte de uno de sus hijos en la Primera Guerra Mundial. Conan Doyle mostraba una foto suya en la que sostenía se veía el espíritu de su hijo muerto a su lado. Sin embargo, hay claros indicios que años antes consideraba al espiritismo como un conocimiento absurdo. Así, en el año 1885 publica en tono de burla y humor el cuento El singular experimento de Keinplatz, en el que narra cómo luego de regresar de la hipnosis las almas de dos hipnotizados regresan a los cuerpos equivocados. El hipnotizador, profesor de fisiología, sostiene que cuando una persona se halla en estado hipnótico su espíritu vaga libremente y regresa a su cuerpo al concluir la hipnosis. El problema se presenta cuando regresa a un cuerpo equivocado.

 

Arthur Conan Doyle murió el 7 de julio de 1930 en Crowborough, Sussex, como consecuencia de una cardiopatía isquémica. Hacía algunos meses que presentaba angina de pecho. Lo acompañaron su esposa, dos hijos y una hija. Tenía 71 años. Había escrito sobre Sherlock Holmes cincuenta y seis relatos y cuatro novelas (Estudio en escarlata, 1887; El signo de los cuatro, 1890; El sabueso de los Baskerville, 1901; El valle del terror, 1915), varias novelas históricas y trabajos sobre espiritismo.

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Cincuenta y cinco años más tarde Jorge Luis Borges publicó Los conjurados. Sostiene que en su libro hay muchos sueños, dones de la noche o del alba, “no ficciones deliberadas“. Uno de esos sueños es Sherlock Holmes que “no salió de una madre ni supo de mayores… Está hecho de azar. Inolvidable, Holmes nace cada vez que lo soñamos, y “muere en cada eclipse de la memoria“. Es al mismo tiempo eterno y discontinuo. Evocarlo de tanto en tanto es una forma de sosiego. “Pensar de tarde en tarde en Sherlock Holmes es una de las buenas costumbres que nos quedan.

Quizás Sherlock Holmes sea el mito más perdurable creado por la medicina porque comparte con ella la misma penuria: la necesidad de alguna certidumbre en un universo vacilante.

Dr Enrique Perea

Profesor Asistente de Medicina Interna

Facultad de Medicina UBA

Bibliografía:

  1. Doyle, Arthur Conan: El singular experimento de Keinplatz. En Cosas de médicos. Losada, Buenos Aires, 2009.
  2. Doyle, Arthur Conan: El caso del cirujano ministrante de Gaster Fell. En Cosas de médicos. Losada, Buenos Aires, 2009.
  3. Doyle, Arthur Conan: La epopeya de la medicina. En Cosas de médicos. Losada, Buenos Aires, 2009.
  4. Doyle, Arthur Conan. An Essay Upon the Vasomotor Changes in Tabes Dorsalis. http://www.era.lib.ed.ac.uk/handle/1842/418.
  5. Rodin Alvin E.; Key, Jack D. Arthur Conan Doyle’s Thesis on Tabes Dorsalis. The Journal of the American Medical Association. 1982; 247(5):646-650.
  6. Spirit Photographs. The Journal of the American Medical Association. 1922; 79(12):988-989.
  7. Markel, Howard. The Medical Detectives. The New England Journal of Medicine, 2005; 353:2426-2428.
  8. Borges, Jorge Luis. Sherlock Holmes. En Los conjurados. Obras completas 1975-1985. Emecé Editores. Buenos Aires, 1989.
Literatura y Medicina
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