El cerebro de Albert Einstein ha sido objeto de mucha investigación y especulación debido a la reputación del físico como uno de los principales genios del siglo XX. Distintos hallazgos en su cerebro se han utilizado para apoyar diversas ideas acerca de las correlaciones entre la neuroanatomía y la inteligencia.

Albert Einstein nació el 14 de marzo 1879 en Ulm, Wurttemberg (Alemania). Poco después, se trasladó con su familia a Múnich, donde el joven Albert comenzó su educación en el Luitpold Gymnasium.

Lo único notable de su época estudiantil es el hecho de que se le pidió que abandonara su escuela por comportamiento “disruptivo” (Figura 1). Siempre había sobresalido en matemáticas, un tópico que más tarde lo convertiría en el científico más reconocido en el mundo.

captura-de-pantalla-2017-09-22-a-las-14-07-38

Fig 1: Albert Einstein en 1894, a los 14 años de edad.

En 1896, Einstein entró en la Escuela Politécnica Federal Suiza, en Zúrich, para formarse como profesor de física y matemáticas. Como era de nacionalidad alemana, le costó conseguir un trabajo, y en 1902, aceptó un cargo como asistente técnico en la Oficina de Patentes. Fue durante sus siete años en esta Oficina que, en su tiempo libre, trabajó en sus teorías matemáticas que más tarde sorprenderían al mundo.

El año 1905 fue su Annus Mirabilis: produjo cuatro ideas innovadoras: el “efecto fotoeléctrico”, el “movimiento browniano”, la “teoría de la relatividad especial” (describe el movimiento de las partículas que se mueven cerca de la velocidad de la luz) y la “equivalencia masa-energía. Todas estas ideas fueron relevantes para el desarrollo de la ciencia, en especial de la física.

En los años que siguieron, Einstein asumió cargos académicos de alto nivel en Berna y Zúrich. En 1911 se convirtió en profesor de Física Teórica en Praga, pero regresó a Zúrich un año más tarde.

Los físicos alemanes Walter Nernst y Max Planck estaban ansiosos de que Einstein vuelva a Berlín. En 1913 lo convencieron para que ocupe el cargo de Director del Instituto de Investigación en Física de la Universidad de Berlín y convertirse en un miembro de la Real Academia de Ciencias de Prusia (Figura 2).

Fig 2: Albert Einstein en su oficina en la Universidad de Berlin, en 1920.

Fig 2: Albert Einstein en su oficina en la Universidad de Berlin, en 1920.

La Teoría General de la Relatividad de Einstein fue publicada en 1916. En 1921 fue galardonado con el Premio Nobel de Física (Figura 3).

Fig 3: Fotografía oficil de Einstein luego de recibir el Premio Nobel en 1921.

Fig 3: Fotografía oficil de Einstein luego de recibir el Premio Nobel en 1921.

Mantuvo sus cargos en Berlín hasta 1933, cuando aceptó un puesto de tiempo parcial en la Universidad de Princeton, en los Estados Unidos (Figura 4).

captura-de-pantalla-2017-09-22-a-las-14-08-11

Fig 4: Fotografía de Einstein obtenida en Princeton, en 1935.

Su plan era dividir su tiempo entre Alemania y Estados Unidos, pero ese mismo año los nazis llegaron al poder y Einstein, siendo judío, nunca volvió a su tierra natal.

Hacia el final de su vida, Einstein seguía trabajando en física teórica, apuntando a una “única teoría elegante”. En sus últimos años fue separado de la comunidad física ya que no aceptó la teoría cuántica debido a su naturaleza aparentemente paradójica, que sin embargo, coincide con la experimentación. Pero eso no lo detuvo en la búsqueda de su teoría unificada.

En 1948, cuando tenía 69 años, tuvo episodios de dolor abdominal pulsátil y se le diagnosticó un aneurisma de la aorta abdominal del tamaño de un pomelo (Figura 5). Se sometió a una cirugía, que llevó a cabo el Dr. Rudolph Nissen, y tuvo una vida normal por los próximos 5 años, hasta que finalmente, el 12 de abril de 1955, volvió a experimentar los mismo dolores. Fue hospitalizado y se le ofreció una nueva cirugía, pero él se negó: “Es de mal gusto prolongar la vida artificialmente. Ya he hecho mi parte, es hora de irse. Lo haré con elegancia”. Finalmente, Albert Einstein murió el 18 de abril de 1955 a las 1:15 AM debido a la rotura de su aneurisma de la aorta abdominal.

Fig 5: Albert Einstein en 1947, un año antes de la cirugía por un aneurisma de la aorta abdominal.

Fig 5: Albert Einstein en 1947, un año antes de la cirugía por un aneurisma de la aorta abdominal.

Su cadáver fue sometido a una autopsia de rutina realizada por el patólogo Thomas Stoltz Harvey (Figura 6) y presenciada por el Dr Otto Nathan, amigo del difunto y ejecutor de su legado. En ella se encontró el aneurisma abdominal que le había ocasionado la muerte.

captura-de-pantalla-2017-09-22-a-las-14-08-30

Fig 6: Thomas Harvey (1912 ­ 2007), el patólogo que realizó la autopsia de Einstein y retiró su cerebro.

Luego de la autopsia, el cadáver de Einstein fue llevado en un ataúd a una funeraria en Princeton (Figura 7) y después de unas pocas horas fue enviado a Trenton, Nueva Jersey, para ser incinerado, según su expreso pedido (Figura 8). Sus cenizas fueron esparcidas en el río Delaware a fin de que el lugar de sus restos no se convirtiera en objeto de mórbida veneración. El funeral fue privado. Sólo participaron 12 personas (familiares cercanos y algunos de sus colegas). Pero hubo una parte de su cuerpo que no se quemó.

Fig 7: El féretro de Albert Einstein, siendo trasladado desde el Hospital de Princeton a una funeraria (Foto: Ralph Morse, revista LIFE)

Fig 7: El féretro de Albert Einstein, siendo trasladado desde el Hospital de Princeton a una funeraria (Foto: Ralph Morse, revista LIFE)

Fig 8: Familiares y amigos de Einstein llegando al Crematorio Ewing, en Trenton, New Jersey. El primero de la izquierda es Hans Einstein, hijo del físico. La mujer con el sobretodo claro es Helen Dukas, la secretaria de Einstein, y a su derecha, parcialmente tapado, el Dr. Gustav Bucky. (Foto: Ralph Morse, revista LIFE).

Fig 8: Familiares y amigos de Einstein llegando al Crematorio Ewing, en Trenton, New Jersey. El primero de la izquierda es Hans Einstein, hijo del físico. La mujer con el sobretodo claro es Helen Dukas, la secretaria de Einstein, y a su derecha, parcialmente tapado, el Dr. Gustav Bucky. (Foto: Ralph Morse, revista LIFE).

Poco después de la muerte de Einstein, el patólogo que realizó su autopsia, Thomas Harvey, retiró del cadáver el cerebro de Einstein para conservarlo, sin el permiso de su familia, con la esperanza de que la neurociencia del futuro fuera capaz de descubrir lo que hizo a Einstein ser tan inteligente (también retiró los ojos del famoso físico, que fueron entregados a Henry Abrams, el oftalmólogo que atendía a Einstein). Harvey consiguió un permiso “retroactivo” del hijo del sabio, Hans Albert Einstein, quien lo autorizó a examinar el cerebro de su padre con la condición de que toda investigación se llevara a cabo exclusivamente en el interés de la ciencia, y que los resultados sean publicados en revistas científicas acreditadas. Pero la dignidad de Einstein ya había sido atacada: había dejado instrucciones expresas de que sus restos fueran quemados y que las cenizas fueran esparcidas en secreto con el fin de disuadir a los idólatras.

Thomas Harvey no era un especialista dedicado al cerebro. No tenía ni los medios ni los conocimientos necesarios para realizar el estudio que había propuesto al hijo de Einstein. Parece que habría extraído el cerebro a petición de su mentor, Harry Zimmerman, que era el médico personal de Einstein. Lo guardó inspirado por el estudio del cerebro de Lenin que había hecho el neurólogo alemán Oskar Vogt, con la idea de que el estudio de la citoarquitectura podrían arrojar alguna luz sobre el “caso Einstein”

Después de perder su trabajo en el hospital Princeton por negarse a entregar su precioso espécimen, Harvey llevó el cerebro a un hospital de Filadelfia. Harvey pesó el cerebro de Einstein, y le llamó la atención que era significativamente más liviano que el de un hombre “normal” (1.230 gramos contra 1.400). Un técnico lo seccionó en más de doscientos bloques, y embebió las piezas en colodión. Harvey envió algunas de las piezas a Harry Zimmerman, y colocó el resto en dos frascos con formol, que guardó en el sótano de su casa en Princeton. Cada tanto, trataba de interesar a algún investigador para que realizara los estudios, pero la mayoría de las investigaciones provinieron de la prensa.

Cuando acabó su matrimonio, Harvey se mudó a Wichita, Kansas, llevándose el cerebro de Einstein, que guardó en una caja de sidra escondida debajo de un enfriador de cerveza. Hasta allí lo siguió el periodista Steven Levy, interesado en la historia del cerebro del famoso físico, y publicó su entrevista a Harvey. Más tarde, Harvey se mudó nuevamente, esta vez a Weston, Missouri, donde perdió su licencia médica, y de ahí se trasladó a Lawrence, Kansas.

Durante los primeros treinta años de esta odisea, el estudio del cerebro de Einstein no llegó a ninguna parte. Thomas Harvey pudo haberlo vendido, por partes o en su totalidad, para obtener una ganancia rápida. Sin embargo, nunca dejó de tratar de encontrar investigadores dispuestos a estudiarlo. Pero no encontró muchos interesados.

En 1985 una investigadora de Berkeley llamada Marian Diamond leyó una nota sobre el famoso cerebro y su excéntrico guardián, y contactó a Harvey solicitándole una porción para estudiarlo. Durante la década de 1970, Diamond había estudiado en ratas el efecto de los estímulos en la cantidad de células cerebrales, y encontró que un ambiente enriquecido y estimulado determinaba mayor cantidad de células en el cerebro de estos animales. Se propuso realizar un estudio comparando la cantidad de neuronas, astrocitos y oligodendrocitys en las áreas Brodmann 9 y 39 en el cerebro de Einstein y en otros once cerebros de varones que habían fallecido a una edad promedio de 64 años. Publicó sus hallazgos en 1985 en la revista Experimental Neurology en el trabajo “Sobre el cerebro de un científico: Albert Einstein.” Su conclusión fue que el cerebro de Einstein difería significativamente del grupo de control en una sola área de Brodmann (la 39 del hemisferio izquierdo) en la que encontró una relación neuronas/células gliales notablemente inferior, o sea, que en relación a los demás, Einstein tenía más células gliales que neuronas. Diamond interpretó su hallazgo como una respuesta de las células gliales a una gran demanda metabólica de las neuronas. Mucho se discutió sobre el procedimiento científico adoptado y el grupo usado como control, y ninguna de estas conclusiones fueron definitivas ni reveladoras. Pero tuvo bastante repercusión en la prensa.

En 1992, S. Kantha, del Instituto de Ciencias Biológicas de Osaka, Japón, publicó una interpretación diferente. Einstein comenzó a hablar tarde (después de los 3 años) y   posiblemente permaneció disléxico durante sus primeros años escolares. Desde un punto de vista neurológico, esto podría ser el resultado de una mielinización tardía de las áreas del cerebro implicadas en el habla, incluyendo el área de Brodmann 39. De acuerdo con el estudio de S. Kantha, los recuentos de células de Diamond sugieren “una fuerte posibilidad de algún tipo de lesión en esta área específica relacionada con el habla en el cerebro de Einstein, que podría haber dado lugar a la dislexia infantil.” En otras palabras, en lugar de poseer un cerebro superior, Einstein pudo haber comenzado con un cerebro afectado, que posteriormente sanó. Pero esto también puede ser una mera especulación, dado que, según el propio Kantha, el trabajo de Diamond adolece de importantes defectos de procedimientos. Otro trabajo aparecido en Experimental Neurology en 1998, escrito por Terence Hines de la Universidad Pace (Nueva York), se sumó a las críticas de Kantha.

En 1996, Britt Anderson, de la Universidad de Alabama, entró en la escena con su trabajo “Alteraciones en el grosor cortical y en la densidad neuronal en la corteza frontal de Albert Einstein”, publicado en Neuroscience Letters. La parte de la corteza frontal en cuestión es el área de Brodmann 9, un bloque adyacente a la que Harvey había enviado a Marian Diamond. Anderson midió el espesor de la corteza de Einstein, y contó el número de células individuales en un área con el fin de calcular el tamaño y la densidad de las células. Como grupo de control utilizó el cerebro de cinco hombres, con una edad media de edad de 68 años (Einstein murió a los 76 años de edad). El resultado fue que no encontró diferencias significativas en la cantidad de células ni en el tamaño de los cuerpos celulares. Sin embargo, Anderson encontró que la corteza de Einstein era más delgada, lo que era compensado por una aglomeración más apretada de las neuronas. Si Einstein hubiera tenido un cerebro de gran tamaño, entonces tal vez la densa aglomeración celular indicaría un mayor número de neuronas en total. Pero no lo tenía. Por el contrario, Einstein tenía un cerebro más bien pequeño.

Anderson revisó la literatura buscando algo que pudiera reivindicar este resultado, y encontró que 2 años antes, un investigador canadiense había intentado explicar la ventaja del mayor tamaño del cerebro de los varones con respecto al de las mujeres (15%) como explicación de la diferencia en el coeficiente intelectual. Su explicación se basaba en que una corteza más compacta podría proporcionar una ventaja en el tiempo de procesamiento, reduciendo el tiempo de interacción entre las células cerebrales. En otras palabras, la reducción del tamaño del cerebro puede resultar en una economía del procesamiento mental. De repente, cerebros más pequeños eran mejores.

A principios de la década de 1990, Harvey regresó a Princeton, y en 1997 viajó junto con un periodista independiente llamado Michael Paterniti a California para conocer a la nieta de Einstein en California. Cuando la encontró, le ofreció el cerebro de su abuelo, pero ella lo rechazó. Finalmente, Paterniti escribió un libro titulado “Conduciendo a Mr. Albert”, y Harvey se fue a la casa de su novia en Princeton. Allí, entregó lo que le quedaba del cerebro de Einstein al patólogo que entonces ocupaba su antiguo puesto en el hospital Princeton.

En 1999, las canadienses Sandra Witelson y Debra Kigar publicaron en la prestigiosa revista The Lancet un artículo donde afirman que Einstein tenía un patrón de plegamiento anormal en parte de su lóbulo parietal, una región que se ha relacionado con la habilidad para las matemáticas. También informaron que sus lóbulos parietales eran un 15% más anchos y más simétricos que los de los cerebros de control, y que la cisura Silvio era más corta que lo habitual. Pero, como en los demás estudios anteriores, las investigaciones no fueron hechas a ciegas, es decir, siempre supieron cuál de todos era el cerebro de Einstein, lo que probablemente sesgaba las conclusiones.

En 2010, los herederos de Harvey transfirieron los restos del cerebro de Einstein al Museo Nacional de Salud y Medicina, incluyendo 14 fotografías de todo el cerebro (Figuras 9 a 11). En 2012, el antropólogo Dean Falk, de la Universidad de Florida, publicó en la revista Brain un análisis de estas fotografías titulado “La corteza cerebral de Albert Einstein: una descripción y análisis preliminar de fotografías inéditas”. Allí, asegura que “a pesar de que el tamaño total y la forma asimétrica del cerebro de Einstein eran normales, las áreas corticales prefrontal, somatosensorial, motora primaria, parietal, temporal y occipital eran extraordinarias. Hay una cuarta circunvolución (además de las tres que tienen las personas normales) en la región frontal medial. Los lóbulos parietales eran marcadamente asimétricos.”

captura-de-pantalla-2017-09-22-a-las-14-08-56

Fig 9: Vista fotográfica frontal del cerebro de Einstein (National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland).

Fig 10: Vista fotográfica dorsal del cerebro de Einstein (National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland).

Fig 10: Vista fotográfica dorsal del cerebro de Einstein (National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland).

Fig 11: Vista fotográfica de las caras internas de ambos hemisferios cerebrales de Einstein (National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland).

Fig 11: Vista fotográfica de las caras internas de ambos hemisferios cerebrales de Einstein (National Museum of Health and Medicine, Silver Spring, Maryland).

Fig 12: Las secciones del cerebro de Einstein en exhibición en el Museo Mütter, Filadelfia..

Fig 12: Las secciones del cerebro de Einstein en exhibición en el Museo Mütter, Filadelfia.

En 2014, Weiwei Men y colaboradores publicaron en la revista Brain un trabajo en el que compararon el cuerpo calloso de Einstein con dos grupos: 15 cerebros de personas de edad avanzada y 52 cerebros de 26 años de edad, la que edad que tenía Einstein en 1905, su Annus Mirabilis. Los resultados muestran que Einstein tenía conexiones más extensas entre ciertas partes de sus hemisferios cerebrales que los otros dos grupos. Pero no pudieron determinar si estas características eran innatas, o se debían a que Einstein había dedicado su vida al pensamiento superior.

El problema que subyace en todos los estudios es que se propuso comparar una categoría formada por un solo cerebro, “ese cerebro”, con una confusa categoría de distintas cantidades de cerebros que “no son ese cerebro”. Con una categoría compuesta por un solo cerebro (“ese cerebro”) es extremadamente difícil calcular la varianza estadística, esto es, la probabilidad de que, por ejemplo, la baja relación neuronas/células gliales de Einstein sea real y no sólo una casualidad de esa región en particular o relacionada con los métodos utilizados. Incluso si las estadísticas fueran sólidas, todavía habría que atribuir el problema de las habilidades y comportamientos a la anatomía. No hay manera de saber si determinada característica en el cerebro de Einstein hizo a Einstein inteligente, disléxico, bueno para las matemáticas, o lo que sea, o si sólo es una característica anatómica de su cerebro.

El cerebro de Albert Einstein ha adquirido una notoriedad fuera de toda proporción en relación a su valor como un espécimen anatómico. En 2013, 46 pequeñas porciones del cerebro de Einstein fueron adquiridas por el Museo Mütter de Filadelfia. Estas rodajas finas se montaron en portaobjetos de microscopio, y son exhibidas en las galerías permanentes del museo (Figura 12). Pero las investigaciones de las que fue objeto no generaron ninguna teoría nueva acerca de la función cerebral, ni se obtuvo nada de valor científico de su estudio. Sólo se ha convertido en lo que Einstein más temía: un icono de la cultura pop.

 

Prof. Dr. Alfredo E. Buzzi

Profesor Titular de Diagnóstico por Imágenes.

Facultad de Medicina, UBA.

 

 

BIBLIOGRAFIA

  • Anderson B., Harvey T. Alterations in cortical thickness and neuronal density in the frontal cortex of Albert Einstein. Neurosci Lett. 1996 Jun 7;210(3):161-4.
  • Burrel B. Postcards from the Brain Museum. Boradway Publisher, 2005
  • Chen H., Chen S., Zeng L., Zhou L., Hou S. Revisiting Einstein’s brain in Brain Awareness Week. Biosci Trends. 2014 Oct;8(5):286-9.
  • Colombo J.A., Reisin H.D., Miguel-Hidalgo J.J., Rajkowska G. Cerebral cortex astroglia and the brain of a genius: a propos of A. Einstein’s. Brain Res Rev. 2006 Sep;52(2):257-63.
  • Cosgrove B. The Day Albert Einstein Died: A Photographer’s Story. http://time.com/3494553/the-day-albert-einstein-died-a-photographers-story/
  • Diamond MC, Scheibel AB, Murphy GM Jr, Harvey T. On the brain of a scientist: Albert Einstein. Exp Neurol. 1985 Apr;88(1):198-204.
  • Falk D. New Information about Albert Einstein’s Brain. Front Evol Neurosci. 2009 May 4;1:3.
  • Falk D., Lepore F.E., Noe A. The cerebral cortex of Albert Einstein: a description and preliminary analysis of unpublished photographs. Brain. 2013 Apr;136(Pt 4):1304-27
  • Hines T. Neuromythology of Einstein’s brain. Brain Cogn. 2014 Jul;88:21-5
  • Hughes V. The Tragic Story of How Einstein’s Brain Was Stolen and Wasn’t Even Special. http://phenomena.nationalgeographic.com/2014/04/21/the-tragic-story-of-how-einsteins-brain-was-stolen-and-wasnt-even-special/
  • Levy S. Found Einstein’s brain. http://www.stevenlevy.com/index.php/about/einsteins-brain
  • López Mato O. Después del entierro.
  • Men W., Falk D., Sun T, Chen W., Li J., Yin D., Zang L., Fan M. The corpus callosum of Albert Einstein’s brain: another clue to his high intelligence? Brain. 2014 Apr;137(Pt 4):e268
  • Paterniti M. Driving Mr. Albert: A Trip Across America With Albert Einstein’s Brain. Dial Press, New York, NY, 2000.
  • Seitz J.A. Albert Einstein’s brain. Lancet. 1999 Nov 20;354(9192):1822-3.
  • The New York Times. Albert Einstein OBITUARY. http://www.nytimes.com/learning/general/onthisday/bday/0314.html
  • Treska V. The Einstein sign. Rozhl Chir. 2003 Feb;82(2):73-4.
  • Witelson S. F., Kigar D. L., Harvey, T. The exceptional brain of Albert Einstein. The Lancet 1999, 353 (9170): 2149–2153
Enfermos Famosos
Compartir //