El motivo de la fiesta de la Navidad es conmemorar el nacimiento de Jesús. El nombre de la fiesta proviene del latín nativitas, “nacimiento”. Pero su origen responde, en realidad, a otros factores históricos que involucran al Imperio Romano y a ritos paganos. Las costumbres tradicionales vinculadas a la Navidad se desarrollaron a partir de múltiples fuentes. En esas tradiciones, tuvo considerable influencia el hecho de que la celebración coincidiera con las fechas de antiquísimos ritos paganos de origen agrícola que tenían lugar al comienzo del invierno.

Cuatro días en el calendario anual (dos solsticios y dos equinoccios) marcan los comienzos de las cuatro estaciones. En los extremos están  los solsticios de invierno y de verano, con los equinoccios vernal y otoñal ocupando los puntos medios. Es la posición de la Tierra en su órbita y la orientación de su eje de rotación en estos puntos de su órbita, lo que  define las estaciones.

Los solsticios (del latín solstitium,“sol quieto”) están separados seis meses y marcan los días en que los hemisferios norte y sur reciben su máxima (verano) o mínima (invierno) luz solar. El solsticio de  verano es el día más largo del año;  el solsticio de invierno, seis meses más tarde, es el día más corto del año. Los dos equinoccios (del latín aequinoctium o aequus nocte, “noche igual”) ocurren más o menos en el punto medio entre los solsticios, y en esos momentos el día y la noche tienen aproximadamente igual duración.

Los  solsticios y los equinoccios fueron muy importantes para las antiguas culturas agrarias, puesto que sus observaciones advertían de cambios en las condiciones meteorológicas. Por  ejemplo, el equinoccio de primavera  indica el comienzo del buen tiempo. El aparente poder sobrenatural que se manifiesta en los solsticios y los equinoccios para gobernar las estaciones se celebra desde que tenemos memoria, provocando diferentes reacciones en las distintas culturas. En la antigüedad, imaginaban que el sol se hacía viejo, hasta morir, y que después nacía un “niño Sol”.

Las celebraciones más antiguas y universales siempre han estado centradas en el solsticio de invierno, que corresponde al instante en que la posición del Sol en el cielo se encuentra a la mayor distancia angular negativa del ecuador celeste. El significado estacional del solsticio de invierno se manifiesta en la reversión de la tendencia al alargamiento de la duración de las noches y al acortamiento de las horas diurnas. El invierno es una palabra de significado subjetivo, puesto que no tiene un principio o mitad que esté científicamente establecido, sin embargo en el caso del solsticio de invierno podemos calcular con exactitud el segundo en el que ocurre. Aunque en teoría el solsticio de invierno solo dura un instante, este término también se usa normalmente para referirse a las 24 horas del día en que tiene lugar. El significado o interpretación de este evento ha variado en las distintas culturas del mundo, pero la mayoría de ellas lo reconoce como un período de renovación y renacimiento, que incluye festivales, ferias, reuniones, y rituales.

Eventos astronómicos controlados en la antigüedad, como el apareamiento de los animales, la siembra de los cultivos y la medición de las reservas entre las cosechas de invierno, muestran cómo han surgido diferentes mitologías y tradiciones culturales. Esto se comprueba por el diseño de estructuras construidas a finales del Neolítico y la Edad de Bronce, como en los sitios arqueológicos de Stonehenge, en Inglaterra (construido en el año 2500 aC) y de Newgrange, en Irlanda (construido en el año 3000 aC).

El solsticio de invierno puede haber sido inmensamente importante porque las comunidades iban a ser privadas de muchas cosas durante el invierno. El hambre era común en esa estación, a la que también se refería como «los meses de la hambruna». La mayoría de los animales eran sacrificados para no tener que alimentarlos durante el invierno, por lo que prácticamente era el único momento del año para el suministro de carne fresca. La mayor parte del vino y de la cerveza estaba finalmente fermentada y lista para beber en este momento.

En el año 45 aC, la introducción del calendario juliano por Julio César para reemplazar al antiguo calendario romano estableció el 30 de diciembre como el solsticio de invierno de Europa. En 1582, el papa Gregorio XIII decretó el cambio al nuevo calendario gregoriano (el que todavía usamos), con lo que el solsticio de invierno (en el hemisferio norte) ocurría alrededor del 21 de diciembre. Anualmente, en el calendario gregoriano, el solsticio fluctúa ligeramente (solo alrededor de un día cada 3000 años). En el hemisferio sur, el solsticio de invierno ocurre el 21 de junio. Así, hasta mediados de diciembre, en el hemisferio norte, y hasta mediados de junio, en el hemisferio sur, los días son muy cortos y, después del solsticio, empiezan a alargarse nuevamente.

Originalmente celebrada por los antiguos griegos como Kronia (el festival de Cronos), la Saturnalia fue la fiesta en la que los romanos conmemoraban la dedicación del templo de Saturno, el dios de la agricultura y las cosechas. Esta fiesta era el acontecimiento social más importante del año y se celebraba durante el solsticio de invierno.

Cuando las tareas en el campo se terminaban y llegaba la noche más larga, los romanos se reunían en el templo de Saturno, con un gran banquete (lectisternium) y al grito multitudinario de “Io, Saturnalia”.

Los romanos salían a la calle a bailar y cantar con guirnaldas en el pelo, portando velas encendidas en largas procesiones. La Saturnalia era una ocasión para visitar a los amigos y parientes e intercambiar regalos. Lo tradicional era regalar fruta, nueces, velas de cera de abeja y pequeñas figuritas hechas de terracota.

Quizás lo más curioso era el intercambio de roles: los esclavos actuaban como amos y los amos como esclavos. Incluso se les dejaba usar las ropas de su señor. Los hijos también invertían los papeles con sus padres y pasaban a ser los jefes de la casa. Además, cada familia tenía que elegir un Rey de la Saturnalia, o Señor del Desgobierno, que podía ser un niño. Ese “rey de mentira” presidía las fiestas, y se le tenía que hacer caso, por muy extravagantes y absurdas que fuesen sus órdenes.

Se cerraban las escuelas, los tribunales y las tiendas, se paraban las guerras, se liberaba a los esclavos, y los romanos cometían todo tipo de excesos con la bebida y la comida. Era la fiesta de la libertad y la desinhibición, y se organizaban juegos, bacanales, bailes de máscaras y espectáculos desenfrenados que estaban prohibidos el resto del año. Los cristianos utilizaban el término “saturnalia” cuando querían decir orgía.

Las fiestas de Saturnalia comenzaban el 17 de diciembre y su duración varió a lo largo de los años. Cada vez eran más largas: inicialmente duraban un día, y a finales del siglo I, duraban una semana.

Al final de la Saturnalia, el 25 de diciembre, se celebraba el nacimiento del Sol (Natalis Solis Invictis: nacimiento del sol invencible) personificado en Mitra, el dios de la luz. El saludo habitual era: Ave Sol Invictus. Aunque el culto a Mitra (mitraísmo) tenía orígenes persas, se convirtió en la religión dominante en Roma, especialmente entre los soldados. Respetado por Diocleciano, este culto había inspirado a griegos y romanos a adorar a Febo y a Apolo.

Ese día la duración de la primera luz del día comienza a aumentar, como el sol, una vez más, y la salida del sol inicia su movimiento hacia el Norte, lo que era interpretado como el “renacimiento” del sol. Durante estos días, se decoraban las casas con plantas verdes, se encendían velas para celebrar la vuelta de la luz, y se colgaban figuras de los árboles. Pero no metían árboles dentro de casa: los romanos sólo adornaban los que estaban plantados en la tierra (la tradición del árbol de Navidad tiene sus orígenes en el siglo XVI).

Hacia la época del Emperador Constantino I (272-337), el cristianismo había avanzado muy poco y Roma era predominantemente pagana. El mitraísmo era la religión dominante y el cristianismo era ilegal. Pero Constantino I cambió las cosas después de tener una visión, antes de una batalla, en el año 312. Se dedicó a favorecer el cristianismo, sin dejar de rendir culto a los dioses paganos. Los romanos adoraban a Deus Sol Invictus un día a la semana, el llamado dies Solis (como en inglés, “sunday” = “día del sol”). Constantino, que era sumo sacerdote en el culto a Sol Invictus, decretó que ese día fuese también jornada de descanso y de adoración para los cristianos, que lo llamaron dies Dominicus (domingo, “día del Señor”).

En el año 321, Constantino I finalmente legalizó el cristianismo, y declaró que el día del “nacimiento del sol invencible”, que se celebraba el 25 de diciembre, debía ser considerado como una nueva fiesta cristiana para celebrar el nacimiento de Cristo. Con estas tácticas, no se alteraba el calendario romano, y las tradiciones paganas se fueron adaptando al cristianismo. Durante el reinado de Constantino I también se estableció (en el Concilio de Nicea en el año 325), que la Pascua se celebraría el primer domingo tras la luna llena que sigue al equinoccio de primavera del hemisferio norte.

Los cristianos habrían aceptado ese dies natalis Solis invicti (día del nacimiento del Sol invicto), que festejaba la victoria de la luz sobre la noche más larga del año, porque le encontraban un paralelismo con el nacimiento de Jesucristo y expresiones bíblicas como “sol de justicia” (Ma 4,2) y “luz del mundo” (Jn 1,4).

En el 350, el papa Julio I reconoció oficialmente el 25 de diciembre como la Fiesta de la Natividad y finalmente el papa Liberio decretó este día como el nacimiento de Jesús de Nazaret en el año 354. La primera mención de un banquete de Navidad en tal fecha en Constantinopla, data de 379, bajo Gregorio Nacianceno. La fiesta fue introducida en Antioquía hacia 380. Llegó a Egipto a mediados del siglo V, y a Inglaterra al final del siglo VI. Alcanzó los países nórdicos a finales del siglo VIII. La transición de las Saturnales a la Navidad se prolongó durante varios siglos y fue el concilio de Tours en 567 el que decretó el periodo festivo entre el 25 de diciembre y el 6 de enero.

La Navidad no está incluida en la lista de festividades cristianas de Ireneo ni en la lista de Tertuliano, las cuales son las listas más antiguas que se conocen. La evidencia más temprana de la preocupación por la fecha de la Navidad se encuentra en Alejandría, cerca del año 200 de nuestra era, cuando Clemente de Alejandría indica que ciertos teólogos egipcios “muy curiosos” asignan no solo el año sino también el día real del nacimiento de Cristo como 25 pashons copto (20 de mayo) en el vigésimo octavo año de Augusto. Los primeros estudiosos cristianos, como el teólogo Orígenes (185-253), condenaban la celebración del nacimiento de Cristo “como si fuese un faraón”. Decían que sólo se festejaba el nacimiento de los pecadores y no de los santos (de ahí la costumbre de recordar la fecha de la muerte y no la de nacimiento de los próceres). Hoy, algunos grupos, como los testigos de Jehová, no celebran la Navidad, por su origen pagano. Tampoco los cumpleaños.

Las Iglesias de Orientales no aceptan el calendario propuesto por el papa Gregorio XIII, y aún usan el calendario juliano. Por lo tanto la Navidad la celebran el 25 de diciembre, que según el calendario gregoriano es 7 de enero. Se exceptúan las Iglesias de Alejandría, Rumania, Bulgaria, Albania, Finlandia, Grecia y Chipre, que sí festejan Navidad el día 25 de diciembre. La Iglesia apostólica armenia la celebra el 6 de enero.

La fecha exacta del nacimiento de Jesús de Nazaret no se encuentra registrada ni en el Antiguo Testamento ni el Nuevo Testamento. Parece bastante claro que Jesucristo no nació en diciembre. Es muy improbable que los pastores durmiesen con sus ovejas a la intemperie durante ese mes, cuando las temperaturas en Judea caían hasta bajo cero y era época de lluvias. Se ha especulado con muchas fechas: el 16 de mayo, el 9 o 20 de abril, el 29 de marzo. Algunos dedicados a investigar la Biblia aseguran que la Estrella de Belén que guió a los tres Reyes Magos (probablemente, una conjunción de Venus y Júpiter) ocurrió el 17 de junio del año 2 aC. Para entonces, Jesús debía tener entre 0 y 2 años. Así que, según esta aproximación, Jesús pudo haber nacido en algún momento entre los años 4 aC y 2 aC, durante el mes de junio.

La Navidad es celebrada por los cristianos, pero también por gente no creyente; algunos utilizan la Navidad como festejo de convivencia social y familiar sin estar vinculada a alguna religión. En cierta medida sigue siendo una fiesta profundamente ecléctica, que incorpora mitos de todo el mundo. En los últimos cien años, varias iglesias cristianas han reconocido que en esta fiesta se conjugan elementos folclóricos de diversas culturas, y permiten que gran parte del folclore y las fiestas paganas locales se conjuguen dentro de la festividad.

Todavía hoy, muchas culturas celebran el solsticio de invierno. Para los pueblos indígenas, como aimaras, quechuas, rapanui y mapuches, la llegada de estas fechas coincide con la tradición de agradecer por el año anterior y pedir al padre Sol que retorne con mayor fuerza después de su retiro invernal. En Nueva Zelanda, los maoríes celebran la Maruaroa o Takurua desde el 20 hasta el 22 de junio la mitad de la temporada de invierno. Los japoneses celebran desde el siglo VII fiestas para el resurgimiento de Amaterasu o Amateras, la diosa del sol de la mitología japonesa. El Festival del Solsticio de Invierno es uno de los más importantes festivales celebrados por los chinos y otros asiáticos orientales durante el plazo del dongzhi solar o alrededor de 21 de diciembre cuando el sol es más débil y la luz del día más corta, es decir, el primer día de la dongzhi solar. Los orígenes de este festival se remonta al yin y el yang, la filosofía el equilibrio y la armonía en el cosmos. Después de esta celebración, habrá días con más horas de luz natural y, por tanto, un aumento de la energía positiva que fluye.

La Saturnalia y las fiestas en torno al solsticio de invierno festejaban la familia, la fertilidad, el cambio, la renovación, la protección, el nuevo ciclo. Diciembre siempre has sido una época para la rebelión, la celebración, la esperanza. Sería una buena idea adoptar algunas de esas tradiciones paganas que se han perdido. Frances Bernstein, en su libro Classical Living: Reconnecting with the Rituals of Ancient Rome, dice: “¡Agita las cosas un poco! ¡Haz lo inesperado! Porque estas acciones pequeñas recuerdan el espíritu de la Saturnalia y tienen importancia religiosa, al conectarnos directamente con la Naturaleza”.

¡Io Saturnalia! ¡Ave Sol Invictus! ¡Feliz Navidad!

Prof. Dr. Alfredo E. Buzzi

Bilbiografía

  • Altares G. La Navidad es una fiesta romana. Diario El País, Madrid 27 DIC 2015
  • Bernstein F. Classical Living: Reconnecting With the Rituals for Ancient Rome. HarperCollins, San Francisco, 2000.
  • Silva H., Roman S. El libro de las tradiciones. Ediciones Robinbook, Barcelona, 2000.
  • Schönborn C. Navidad, mito y realidad. Editorial EDICEP, Valencia, 2000.
  • United States Naval Observatory. Earth’s Seasons: Equinoxes, Solstices, Perihelion, and Aphelion, 2000-2020. http://aa.usno.navy.mil/data/ Consultado el 20 de noviembre de 2017.
  • Vorágine J. El libro de la Navidad. Editorial Encuentro, Madrid, 2003.
  • Walter P. Mitología Cristiana. Editorial Paidós, Buenos Aires, 2004.
Sin categoría
Compartir //