En 1927, tres profesores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (Nerio Rojas, Gregorio Aráoz Alfaro y Bernardo A. Houssay) pronunciaron conferencias cuyo fin era servir de guía intelectual del estudiante de Medicina.

La conferencia de quien sería nuestro primer Premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947 fue dictada el 19 de octubre de 1927 en el Ateneo del Centro de Estudiantes de Medicina con el título “Problemas y orientaciones de la medicina moderna”.

Es de interés recordar estas ideas de Bernardo Houssay ya que son menos conocidas que sus contribuciones fisiológicas, institucionales y como jefe de escuela y maestro de grandes personalidades que cultivaron la investigación científica en nuestro país.

Houssay comenzó su alocución diciendo que estas cuestiones se debatían y explicaban demasiado poco entre nosotros, y que se consideraría muy feliz de haberla dictado si a través de ella se intensificaran su estudio y discusión. La dividió en nueve acápites: 1) el origen y la evolución de la medicina, 2) la medicina como ciencia y como arte, 3) la enseñanza de la medicina, 4) las ciencias básicas, 5) los hospitales y su papel en la enseñanza, la investigación y la práctica de la medicina, 6) la especialización profesional, el trabajo en grupos, y los hospitales privados, 7) los escollos de la profesión, 8) la higiene y la medicina preventiva y 9) algunos defectos nuestros y la manera de remediarlos.

Hoy queremos referirnos a sus conceptos referentes al último punto. Preferimos que el lector se forme un juicio por sí mismo de las opiniones que expuso nuestro eminente profesor de Fisiología, por lo que hemos omitido formular comentarios u opiniones sobre las mismas.

“Los principales defectos de nuestros alumnos y médicos son: la falta de destreza para observar y describir; ser muy pasivos, sugestionables por las palabras sonoras o imágenes brillantes más que por la verdad y la lógica fría; su inteligencia es rápida, pero superficial; creen erróneamente ser más inteligentes que otras razas más lentas, pero mucho más profundas. Confunden la reducción y las afirmaciones rotundas con la verdadera competencia. Tienen un respeto casi femenino por las modas o novedades, y a veces por preocupaciones profesionales de notoriedad. No comprenden a fondo el valor de la ciencia en el progreso de la medicina. Bueno es tener presente que lo científico es la exactitud en las observaciones, el rigor en las medidas, establecer con precisión las relaciones con buen sentido y crítica rigurosa”.

“No debe confundirse, como pasa a veces entre nosotros, con las fantasías seductoras, el entusiasmo por lo nuevo aún no bien estudiado, la erudición extensa y brillante, pero superficial; tampoco con la aplicación profusa de teorías y de métodos y procedimientos aun no juiciosamente interpretados. Es muy común y muy dañino de las ficciones o especulaciones imaginativas más que de las realidades. Un grave defecto muy difundido es el desprecio por el estudio de los problemas teóricos o de aplicación no inmediata que no estén de moda a pesar de que tengan considerable importancia. Hay poca aptitud para aplicar las nociones científicas nuevas; en cambio se aceptan o se implantan muy rápidamente las ya realizadas si se las ve funcionando. Esta capacidad de adaptar e imitar lo existente ha resultado providencial para adaptar lo existente, ha resultado providencial para impulsar nuestro adelanto material y para instalar y organizar grandes hospitales y laboratorios”.

“En nuestro país se suele creer que se hace un favor al ocupar un cargo público o que éste es una ayuda de cosas o que sólo exige un esfuerzo limitado. Pienso, por el contrario, que toda actividad o cargo significa deberes para sus semejantes y la colectividad, debiendo desempeñarse con el máximo de interés y capacidad posibles. Un defecto moralmente criticable y prácticamente esterilizador consiste en no pagar debidamente a los hombres dedicados a las tareas científicas o sanitarias. Es prueba de que no se las estima verdaderamente o de que de no se cree en su eficacia”.

“Es muy censurable la poca coordinación entre las distintas cátedras e institutos y facultades, y el poco intercambio de ideas y enseñanzas entre los mismos. Tampoco hay unidad y coordinación en las obras de higiene pública y administración sanitaria”.

“Todos los defectos que señalamos, con alguna crudeza, son el resultado de una evolución reciente y aún incompleta. Las principales medidas para remediarlos serán las que tendieran en lo que se refiere a los alumnos, a la dedicación exclusiva de sus asuntos universitarios, a darles enseñanza general y dirigida que les acostumbre a observar y a razonar en forma simple y precisa, desarrollar la curiosidad y el espíritu de observación, el interés en aprender bien y la falta de preocupación por los exámenes (que a la larga deberán suprimirse); conciencia clara de lo que es la medicina y de su papel presente y futuro; idea precisa de la función del médico en la curación y prevención de las enfermedades y en la educación higiénica”.

“Deberá obligarse a los profesores de ciencias básicas a la dedicación exclusiva para la docencia e investigación; considerar a esta última como esencial; estimular la formación de especialistas; establecer institutos y alentar el trabajo coordinado mas que el individual y fragmentario”.

“Se establecerán becas de perfeccionamiento numerosas en el extranjero, en lo posible con planes y dirección adecuada. A la vuelta de los becados se procurará darles posiciones con dedicación exclusiva. Se estimulará el desarrollo de las ciencias básicas y la organización universitaria de las Clínicas (esto es, organizándolas como institutos científicos de investigación)”.

“Este programa es perfectamente realizable. Si se sabe comprender y llevar a cabo, en veinticinco años figuraríamos a la par de las naciones del mundo o muy dignamente cerca de ellas, como centros de producción médica científica”.

“Señores: Siempre tuve la más amplia fe en el progreso de mi país y muchos de mis sueños se han realizado; felizmente me quedan aún muchos por cumplir. Tengo confianza en los jóvenes y por eso os he hablado con franqueza, sin ánimo de ofensa ni de halago, sin reparar si mis verdades son apreciadas. En la juventud, magnífica fuerza en potencia, está el vivero de los grandes hombres y de las grandes cosas. Poned vuestros ideales muy altos, tened fe en nuestro país y en vosotros mismos, no desmayéis ante los obstáculos pasajeros. Vuestra conciencia, vuestra familia, vuestra escuela, vuestra patria, la humanidad toda, esperan de vosotros. Tened entusiasmo, perseverancia y disciplina y el éxito será vuestro.”

Prof. Dr. Alfredo Buzzi

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