Guerrero reconocido, heredero del arco y las flechas de Hércules, Filoctetes Sufrió́ una picadura de serpiente en un pie, en Crisa, lugar donde se había detenido la expedición de los griegos que iban a Troya. La herida se infectó y empezó́ a despedir un hedor fétido produciéndole un intolerable dolor. Sus gritos eran atroces. Ulises convenció́ a sus hombres de dejarlo en la desierta isla de Lemnos. No podían tolerar más sus alaridos ni su olor. Diez años vivió́ Filoctetes allí́, en absoluta soledad. Mientras, el asedio a Troya continuaba sin que pudiera ser tomada. Un adivino advirtió́ de lo indispensable de la presencia de Filoctetes y de sus armas para poner fin a la guerra. Ulises y Neoptolomeo emprendieron viaje con la misión de convencerlo de que vuelva con ellos.

Filoctetes es una de las figura del repertorio de ilustres mitológicos que ha provocado la pluma de los 3 grandes de la tragedia griega: Esquilo, Sófocles y Eurípides.

Siempre se ha vinculado la tragedia con el dolor. La tragedia es la representación sublime del dolor humano. En ese marco, Filoctetes es digno representante.

Sófocles hizo de Filoctetes un hombre resignado a la máxima miseria, aquel que languidece en asfixiante soledad. La herida infectada en el pié gatilla una cadena de infortunios donde el dolor, el abandono, el miedo, la marginación, serán algunos de sus eslabones principales.

Nunca resultó fácil vivir enfermo. Pero tampoco, convivir con la enfermedad ajena. La tragedia de Sófocles muestra la devastación que el dolor puede producir en un espíritu valeroso y la vulnerabilidad emocional a la que queda expuesto.

Además, las dificultades y limitaciones del hombre ante la obscenidad del sufrimiento ajeno.

El dolor es el leiv motiv de su obra, un dolor que se inicia en el pié y que se irá apoderando, de a poco, del pensamiento, del espíritu y de la palabra del guerrero. Intenso, quemante, lacerante.

En la fragua del dolor, se funde su vida entera. Tras 10 años de promiscua convivencia, el dolor empieza a ser parte de sí. Para entonces, la muerte parece ser la única opción valida.

El dolor físico es el punto de partida de la tragedia pero el dolor de Filoctetes va más allá́ de su pie. Invade otras zonas de su existencia. Sus compañeros pusieron su parte, cuando aprovechando la distracción del sueño, lo abandonaron en la desierta Lemnos.

El dolor físico conduce a otro nivel de sufrimiento: el dolor psíquico del abandono. Filoctetes padece en la soledad más sublime y trágica: la del dolor intransferible y no compartido.

Filoctetes tenía vedado “sufrir a sus anchas”. No ser aceptado por sus pares lo terminó de condenar a la más absoluta soledad emocional.

El griego es un ser social por excelencia, por eso, la pérdida de la pertenencia es muy significativa. Además del dolor, el abandono lo priva del habla, otro signo de la naturaleza social del hombre, también valorado por la mentalidad griega.

Por eso, la aparición de Neoptolomeo, tras tantos años de aislamiento, le permite recuperar la palabra.

Filoctetes encarna la pérdida de dos valores muy preciados por la sociedad helénica: la palabra y la sociabilidad.

El dolor de uno afecta al otro y lo pone a prueba. Es difícil mantenerse imperturbable ante el hombre que padece. Cada uno responde con los recursos que tiene a mano. Acompañar a quien sufre pone en juego una constelación de valores, virtudes y defectos: tolerancia, indiferencia, compasión, repudio, consuelo.

El hombre desesperado es aquel que ya ha consumido su tiempo emocional de espera. Ulises sabía de antemano que contaba con esa ventaja cuando volvió a buscar a Filoctetes. Sabía que un alma castigada es lábil a quien le ofrezca un poco de consuelo. Sin embargo no iba a ser una tarea fácil. Ellos fueron quienes lo habían abandonado al no poder soportar más sus olores y lamentos.

Ulises nunca dudó de echar mano a cualquier recurso con tal de conseguir su cometido. Como buen griego, siempre tuvo claro que la palabra no es inocente, que es un buen instrumento con capacidad de generar movimientos emocionales en el espíritu del que la escucha, especialmente si se trata de un espíritu desesperado. Y de esa vulnerabilidad se vale para engañarlo.

Distinta será la actitud de Neoptolomeo, quien no acepta especular con la angustia ajena. Gran parte de la tragedia pasa por los recursos de los que se valen estos hombres para convencer a Filoctetes de que vuelva con ellos.

Manipulación y engaño; verdad, persuasión y compasión, dos respuestas ante el la vulnerabilidad y el dolor ajenos.

El abandono al que fue sometido Filoctetes lo expone también a otro nivel de dolor: la angustia del olvido, esa forma de existencia propia que pervive en la memoria de quien nos recuerda. Cada año de aislamiento debilitaba la ilusión de existir, al menos, en el pensamiento de alguien.

Tal vez Filoctetes haya pensado, ingenuamente, que aquellos que lo habían abandonado, volvían pretendiendo reivindicar lo cometido. Tal vez ahora sí podría ser un enfermo admitido por los sanos. Sin embargo cuando advierte el interés que justificaba el regreso, se niega a embarcarse con ellos y, a cambio, elige quedarse solo y vivir en la autenticidad de su dolor. Ahora, es un dolor elegido, por el cual puede reconocerse en la identidad que los demás le niegan.

La tragedia deja al descubierto los límites y los miedos a los que el dolor expone, tanto al sano como al enfermo. Filoctetes de Sófocles es una alegoría del sufrimiento y la vulnerabilidad humanas.

Pueden encontrar el artículo completo en el Nº 3- 2015 de ALMA en español.

 

Isabel del Valle

Literatura y Medicina
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