La llamada “piedra de la locura” fue una extraña creencia durante la Edad Media que aseguraba que aquellas personas con enfermedades mentales o epilepsia padecían esos males debido a una piedra que afectaba el cerebro. El tratamiento consistía en una especie de craneotomía para extraer la piedra que afectaba la razón. Fue un tema popular entre los pintores holandeses de los siglos XV y XVI.

La trepanación hace referencia a los orificios o agujeros producidos de manera deliberada en el cráneo de un individuo vivo, y es una de las primeras operaciones quirúrgicas de la historia de la humanidad. Las primeras evidencias de cráneos trepanados corresponden al período Neolítico (alrededor del año 8000 aC) (Figura 1). También la realizaban los antiguos egipcios, chinos, indios, romanos, griegos y se han documentado en áreas tan dispares como Europa (Península Ibérica, Francia, Alemania, República Checa, Ucrania), Asia (Siria, Japón) y América (México, Perú, Bolivia, Chile).

Fig 1: Cráneo trepanado, período Neolítico. El perímetro del agujero en el cráneo está rodeado de nuevo tejido óseo, lo que indica que el paciente sobrevivió a la operación. Museo de Historia Natural de Lausanne (Foto: Rama).

Fig 1: Cráneo trepanado, período Neolítico. El perímetro del agujero en el cráneo está rodeado de nuevo tejido óseo, lo que indica que el paciente sobrevivió a la operación. Museo de Historia Natural de Lausanne (Foto: Rama).

No se sabe con certeza las motivaciones que indujeron a los pueblos prehistóricos a trepanarse. Probablemente inicialmente tenía un trasfondo cultural u obedecía a razones rituales, pero hay evidencia que luego tuvieron motivaciones médicas, como el intento de curar lesiones traumáticas, cefaleas, ataques epilépticos o comportamientos extraños (lo que hoy llamaríamos “locura”). Hoy llamamos a este acto quirúrgico “craneotomía”.

Un procedimiento asociado a las trepanaciones era “la extracción de la piedra de la locura”, un motivo que fue utilizado como tema por varios pintores y escritores holandeses de los siglos XV y XVI.

El tema de los cuadros parece ser una creencia común, mantenida durante siglos: se pensaba que la locura, en un sentido muy amplio, era el resultado de la formación de estructuras minerales, similares a los cálculos renales, dentro de la cabeza. Estas piedras presionarían sobre el cerebro, o taponarían los ventrículos, o generarían una disfunción neural alterando el funcionamiento normal encefálico. Se han descrito calcificaciones en el cerebro originadas por algunos tipos de tumores, hematomas subdurales, o enfermedades metabólicas, y es posible que el descubrimiento de alguna de esas estructuras minerales en el cráneo de un paciente afectado de demencia creara la leyenda de la “piedra de la locura”. La idea era común en la época y explotada por charlatanes y timadores. El “cirujano” hacía una incisión en la cabeza con un cuchillo, y mientras la gente miraba asombrada la herida sangrante, y en un ejercicio de prestidigitación mostraba una pequeña concreción calcárea que (decía) acababa de extraer del cerebro. La piedra pasaría de mano en mano causando el asombro de las gentes del lugar y buenos réditos económicos para el “artista” del bisturí. El médico persa Rhazes (854-925) denuncia en una obra a los charlatanes que pretendían curar la epilepsia haciendo una incisión en la frente y aparentando extraer algo que llevaban escondido en la mano. Nada nuevo bajo del sol.

Las pinturas son sorprendentemente parecidas. Un paciente sentado que es intervenido por un médico, cirujano, cirujano-barbero, charlatán o una mezcla de todo. Alrededor hay varios ayudantes y distintos escenarios: urbanos, campestres, abiertos, cerrados en una habitación. Alrededor hay una mezcla de personajes: ayudantes del cirujano, clérigos rezando, algún familiar del paciente.

La obra más antigua de estos pintores holandeses es la pintada por El Bosco (Figura 2).

Fig 2: Jeroen van Aken, latinizado como Hieronymus Bosch y conocido como El Bosco (1450-1516). Retrato atribuido a Jacques Le Boucq, hacia 1550.

Fig 2: Jeroen van Aken, latinizado como Hieronymus Bosch y conocido como El Bosco (1450-1516). Retrato atribuido a Jacques Le Boucq, hacia 1550.

Este óleo sobre tabla de roble, de 48,5 cm x 34,5 cm, lleva por título “La extracción de la piedra de la locura”, forma parte de las obras maestras del Museo del Prado, de Madrid (Figura 3).

Fig 3: La extracción de la piedra de la locura (El Bosco, 1494). Museo del Prado, Madrid

Fig 3: La extracción de la piedra de la locura (El Bosco, 1494). Museo del Prado, Madrid

Como en otras pinturas de El Bosco, “La extracción de la piedra de la locura” está llena de ironía y simbolismo. La imagen está encerrada en un óvalo casi circular rodeada por una leyenda que dice “Meester snyt die Keye ras, myne name is lubbert das”. Esta pequeña rima se traduce como “Maestro, extráigame la piedra, mi nombre es Lubber Das”. Lubber Das, traducido a veces como “Tejón Castrado”, era un personaje cómico de la literatura holandesa, que encarna la necedad. “Mi nombre es Lubber Das” viene a significar lo mismo que “Soy tonto”. “Keye” significa piedra, pero también bulbo, algo con varias lecturas en los Países Bajos. El tipo de letra de la leyenda se encuentra en algunos escudos de armas en la corte borgoñesa de la ciudad natal de El Bosco. Algunos críticos piensan que intervienen dos manos en la pintura, uno que pinta el fondo y otro la imagen frontal, algo que se distingue en la hierba del suelo, que es muy diferente.

La disposición circular de la imagen recuerda a un espejo o una ventana abierta al mundo, el de la estupidez, del papanatismo, del curanderismo y la falsa medicina. Este espejo parece arrojar al mundo la imagen de su propia estupidez al desear tan erróneamente superarla.

La imagen central representa la trepanación que buscaba extraer la piedra que, según afirmaban algunos, causaba la estupidez, la locura, la enfermedad mental. En el centro hay cuatro personajes: uno es un doctor con su toga pero cuya falsedad se delata porque en vez de un birrete, lleva un embudo en la cabeza. El embudo parece ser un síntoma de los pecados capitales, en este caso de la avaricia, aunque en nuestros días se asocia con la locura y la sandez. Este tipo de sombrero aparece ya en ediciones medievales del Apocalipsis. Este objeto aporta toda una dimensión psicológica al retrato del cirujano, que en aquella época estaba en la misma categoría de los barberos.

El paciente, un hombre grueso y de cierta edad, mira contrariado hacia el espectador. Su bolsa de dinero está atravesada por un puñal, símbolo de que está siendo estafado. El cirujano-barbero trabaja con un bisturí sobre la cabeza del paciente, pero en vez de extraer una piedra, saca un tulipán y hay otro sobre la mesa, cuya base también tiene forma de bulbo. Puede ser un guiño al “keye” que mencionamos anteriormente o al apodo de los tontos en Holanda como “cabeza de tulipán”. Pero hay otros que ven a la flor como la representación de la belleza, y sugieren que el charlatán le está sacando al paciente lo único bueno que tiene: su belleza natural.

El tercer personaje es una mujer (probablemente una monja) con un libro cerrado, encuadernado en piel roja y con un cierre, sobre su cabeza. Muchos coinciden en que libro corresponde con casi total seguridad a las Escrituras y la mujer puede ser una alegoría de la superstición o la ignorancia (el libro está cerrado) o una burla de El Bosco sobre la costumbre en Flandes de llevar amuletos hechos con libros o trozos de texto. El médico francés Guy de Chauliac indicaba que “las mujeres y los idiotas” (una expresión políticamente incorrecta en nuestra época) estaban particularmente interesadas en usar como amuletos escritos con conjuros junto con los remedios tradicionales. Según el arzobispo de Utrecht, usaban como amuletos pergaminos con inscripciones, hojas sueltas o libros enteros. Para otros autores seria una monja o una bruja con un libro de conjuros sobre su cabeza (en otra obra de El Bosco, titulada “El Jardín de las Delicias”, un demonio tiene también un libro encima de la cabeza). Finalmente, otros sostienen que el libro que la mujer carga sobre su cabeza se trata de un texto médico, y que, en lugar de aprovecharlo para extraer los conocimientos y recomendaciones indicados para ese procedimiento, esta siendo empleado de forma totalmente inadecuada.

El ultimo personaje es un clérigo, que sostiene una jarra metálica (probablemente de vino o cerveza) y parece estar exhortando al hombre a aguantar la operación. No es extraño que el Bosco criticara severamente a los miembros de la Iglesia en un momento en el que era una institución en decadencia, y en un lugar en el que estaba a punto de explotar la Reforma.

El Bosco muestra claramente a dónde pueden conducir estos métodos de charlatanería y explotación: en el fondo, visibles, están la horca, la rueda y la hoguera.

 

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Prof. Dr. Alfredo E. Buzzi

Profesor Titular de Diagnóstico por Imágenes.

Facultad de Medicina, UBA.

 

Arte y Medicina
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