Los pintores flamencos del siglo XVII encontraron en la visita del médico al domicilio del paciente uno de los temas costumbristas que debió tener gran aceptación entre la burguesía de su tiempo, pues han llegado hasta nosotros numerosas versiones del tema.

La escena se repite de forma estereotipada: el médico, vestido elegantemente, toma el pulso u observa la orina de la paciente (virtualmente siempre femenina), que está recostada en una silla en su dormitorio. Una criada permanece atenta a la escena, y la mayoría de las veces mira de forma cómplice al médico, ya que se tratan de casos de enfermas de “mal de amores”, que melancólicamente se reclinan sobre almohadones o parecen perder el sentido, de enfermas de “melancolía erótica”, o incluso de jóvenes con un embarazo temprano.

Jan Steen (1625-1679) fue un prolífico pintor holandés del barroco, época conocida como “la Edad de Oro Holandesa”, contemporáneo de Rembrandt. Durante buena parte del siglo XVII los Países Bajos fueron la nación más próspera de Europa, liderando el comercio, la ciencia y el arte.

Jan Steen (Autorretrato)

Steen pintaba principalmente temas de la vida cotidiana y humorísticos, y se ocupó en sus cuadros de la visita de un médico a domicilio por lo menos 18 veces.

En esta pintura “La visita del doctor”, de 1663, muestra dos de las más importantes herramientas diagnósticas del siglo VII. Sin embargo, no se ocupa demasiado en demostrar la consulta médica en sí, sino en las implicancias sociales y morales de la situación.

La visita del doctor (Jan Steen, 1658-62)

Steen inidica por varios símbolos que la paciente (femenina, como en todas sus obras sobre este tema) sufre de “amor”. En este caso, es la actitud de la paciente, que sostiene su cabeza con su mano, la que indica cierto grado de melancolía. Su perro la mira preocupado. Tal vez la causa sea un amor reprimido y no correspondido.

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El artista da muchas pistas en esta pintura que sugieren que ésta es la causa de su “enfermedad de amor”: la pintura con una escena de amor (Venus y Adonis) sobre la pared del fondo que se ve parcialmente, el brasero con la cinta embebida en orina que arde (en aquella época era una costumbre popular para determinar el embarazo), y el niño sentado en el extremo inferior izquierdo, que semeja a Cupido, con su arco y sus flechas, que mira al espectador en tono cómplice.

El médico, vestido con un traje fuera de moda y algo teatral, mira sonriente  a la empleada, que sostiene un frasco con la orina de la enferma.

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Sobre la pared de la derecha, la inclusión en esta pintura del cuadro “El Bufón” del entonces famoso pintor (también holanés) Frans Hals, le agrega comicidad.

Hay también varias cuestiones sin resolver: el hombre que está en la habitación contigua, trabajando en sus papeles, parece ignorar lo que ocurre. ¿Es el marido despreocupado de sus deberes conyugales, o ha sido engañado? Las llaves y el bolso que cuelgan del respaldo de la silla ¿indican que también ella ha descuidado sus deberes como ama de casa?

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Como en muchas de sus pinturas, Steen nos propone la reflexión sobre temas morales y de conciencia.

Alfredo Buzzi

Arte y Medicina
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