Manuel Mujica Lainez (siempre escribió sus apellidos sin acentos, y así publicó todos sus libros) fue escritor, biógrafo, crítico de arte y periodista. Nació en Buenos Aires el 11 de septiembre de 1910. Sus orígenes eran ilustres y aristocráticos, ya que por el lado de su padre (Manuel Mujica Farías) descendía del fundador de Buenos Aires y Santa Fe, Juan de Garay, y por el lado de su madre (Lucía Láinez Varela) de Bernabé Láinez Cané (abuelo materno) y Justa Varela (abuela materna) quien era sobrina de Juan Cruz y Florencio Varela. Escribió la biografía de su antepasado Miguel Cané (“Padre”, en 1942). Siempre se mostró orgulloso de su genealogía, y la recordó con frecuencia en sus libros. Se sintió el afortunado heredero de una distinción y una cultura sin parangón.

Se educó durante dos años en París, entre 1923 y 1925. Su primera novela (“Louis XVII”), fue dedicada a su padre y escrita en francés. También estudió en Londres. Terminó su educación secundaria en el Colegio Nacional de San Isidro. En 1928 ingresó en la Facultad de Derecho, pero abandonó estos estudios dos años después.

En 1932 fue aceptado como redactor y crítico en el diario “La Nación”, donde fue ocupando puestos cada vez más importantes.

En 1936 contrajo matrimonio con Ana de Alvear Ortiz Basualdo, con quien tendría tres hijos: Diego, Ana y Manuel.

Escribió biografías, como las de Hilario Ascasubi (“Aniceto, el Gallo”, 1943) y de Estanislao del Campo (“Anastasio, el Pollo”, 1947). También publicó libros de cuentos, como el que estamos recomendando hoy.

Con “Bomarzo” (tal vez su obra maestra) inició un nuevo ciclo de obras eruditas y fantásticas en el esquema de la novela histórica. Se trata de una historia sobre el Renacimiento italiano narrada por un muerto, Pier Francesco Orsini (el compositor argentino Alberto Ginastera le puso música, y la hizo una ópera, que fue estrenada en Washington). “El unicornio” está ambientada en la Edad Media francesa.

Fue Secretario del Museo Nacional de Arte Decorativo y, entre 1955 y 1958, ocupó la Dirección de Cultura del Ministerio de Relaciones Exteriores

En 1969 se trasladó con su familia a la zona de Cruz Chica en La Cumbre, provincia de Córdoba, a una antigua casona de estilo colonial español, rodeada por un importante parque, y que llamaron “El Paraíso“. Hoy se encuentra convertida en un museo. Allí escribió “Cecil, El laberinto”, otra novela histórica que muestra la España de Felipe II, protagonizada por el chico que en la parte inferior del cuadro “El entierro del Conde de Orgaz”, de El Greco, sostiene una vela encendida, mira al espectador y presenta la escena (según algunos autores, era Juan Manuel, el hijo de El Greco).

Publicó otra novela histórica, “El escarabajo”, que trata sobre un anillo egipcio que es, a la vez, el narrador de la historia de todos sus posesores, desde la reina Nefertari hasta una millonaria estadounidense, pasando por la mano de uno de los asesinos de Julio César, y la de Miguel Ángel, entre otros.

Tradujo, además, los “Sonetos” de William Shakespeare, y piezas de Racine, Molière y Marivaux. Por su parte, sus libros fueron traducidos a más de quince idiomas.

Fue electo miembro de la Academia Argentina de Letras (1956) y de la Academia de Bellas Artes (1959).

Obtuvo el Gran Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores en 1955 por su novela “La casa”, el Premio Nacional de Literatura en 1963 por su novela “Bomarzo”, el Premio Kennedy en 1964, el título de Comendador de la Orden al Mérito de Italia en 1967, y la Legión de Honor del Gobierno de Francia en 1982.

Realizó largos viajes a países como Japón, China, Manchuria, Grecia, Italia y Egipto, entre muchos otros. Los lugares que recorrió lo impresionan siempre, aunque por diferentes razones. En algunos de ellos admiró la historia milenaria o el coraje de sus habitantes; en otros, reconoció espacios propios, ya sea por herencia o por vivencias.

Fue nombrado Ciudadano ilustre de Buenos Aires pocas semanas de su muerte, en 1984.

Como crítico de arte dio a conocer la obra pictórica de muchos artistas.

Seducido por las doctrinas esotéricas, creía con firmeza en la reencarnación, y declaró escribir “para huir del tiempo”.

Falleció en “El Paraíso” en Cruz Chica (provincia de  Córdoba) el 21 de abril de 1984. En el momento de su muerte era considerado uno de los escritores más importantes de Argentina.

La prosa de Mujica Lainez ha sido considerada “fluida y culta, de sabor algo arcaico y preciosista; rehúye la palabra demasiado común, sin buscar sin embargo la desconocida para el lector”. Era, en especial, hábil en reconstruir ambientes, gracias a un dotado talento descriptivo y una gran formación como crítico de arte, aparte de su rica inventiva. Mujica Lainez seducía con la palabra.

Hemos elegido detenernos en esta nota en su obra “Misteriosa Buenos Aires”. Se trata de su segundo libro de cuentos, que incluye 42 cuentos ambientados todos ellos en esta ciudad. Mujica Lainez, porteño por excelencia, evoca en cada uno de ellos distintos momentos históricos de Buenos Aires, desde su época de aldea hasta que va definiéndose como una gran ciudad (entre 1536 y 1904). Es así que esta obra prácticamente se convierte en una historia de la ciudad, con personajes típicos a través de relatos a veces imaginarios y a veces reales. Mujica Lainez ha declarado sentirse “obligado a inventar tantas historias” que termina por no saber “cuáles son las verdaderas y cuáles las inventadas” apremiado “por las dificultades de vivir una sola historia, la otra que no contaron”.

Sólo queriendo, conociendo y sintiendo a Buenos Aires como Mujica Lainez puede escribirse la magnífica serie de relatos que constituye esta obra. Lo que en ella ocurre de trágico, de místico, de gracioso o de curioso forma parte de la cosmovisión de Mujica Lainez y su modo peculiar de revivir el pasado. Se describen a lo largo de la obra costumbres, leyendas, hechos históricos, superstición, hechicería, historias de seres humanos con sus sufrimientos y sus pecados.

La historia comienza con “El hambre” de 1536 (la fecha de la primera fundación) y termina en “El Salón Dorado” de 1904, cuando una arruinada señora mayor ve derrumbadas de pronto las murallas de su egoísmo.

Está narrada con intuición poética, penetración psicológica y el alto vuelo imaginativo de un autor excepcional.

En los sucesivos cuentos, los protagonistas, sus acciones, y el tiempo se articulan en un modo narrativo que los hacen más humanos, ya que, por esta vía, los hechos históricos se convierten en símbolos y en cultura.

Con el argumento de tres de los cuentos se filmó la película, con la dirección de Alberto Fischerman (episodio “El hambre“), Ricardo Wullicher (episodio “La pulsera de cascabeles“) y Oscar Barney Finn (episodio “El salón dorado“), que se estrenó el 10 de septiembre de 1981.

Los 42 cuentos constituyen en realidad un texto único constituido por 42 capítulos, que se reclaman unos  otros, estableciendo múltiples correlaciones. Por esto,  cuando por razones editoriales los 42 cuentos originales de 1951 fueron reducidos a 32 en 1964, Mujica Lainez se quejó de que su obra había sufrido una “amputación filicida”. La extirpación de esos 10 cuentos generó desequilibrios que sólo fueron compensados cuando el conjunto fue reconstituido en una edición de 1975. Como ejemplo, es útil señalar cómo los tres primeros cuentos constituyen una unidad temática. Una vez reconocido esto, resulta fácil apreciar cómo el primero (“El hambre [1536]”) resulta descompensado por la ausencia del siguiente (“El primer poeta [1538]”). “El hambre” no expresa la euforia de la fundación de una ciudad deseada, sino, por el contrario, el fracaso de tal empresa: el protagonista, Baitos, confunde a su hermano con un rival, lo mata y come su carne. El correlato de este primer cuento es el segundo (“El primer poeta”) donde el protagonista, el poeta Luis de Miranda, se encuentra con un auditorio poco dispuesto a recibir un discurso de hazañas no dignas de memoria, hazañas que reproducen “historias que no deben ser vistas en escritura”, relativas, precisamente, al “hambre”, y no a la percepción feliz de la conquista. Esta relación puede ser encontrada en toda la obra. Otros ejemplos de temas fraternales (como el de “El hambre [1536]”) pueden encontrarse en “La ciudad encantada [1709]”, donde se niega el apoyo al hermano buscador de la Ciudad de los Césares, en “La galera [1803]”, donde una hermana da muerte a otra para heredarla, y en “El tapir [1835]”, donde un payaso da muerte a un tapir aunque lo aprecia como a su hermano.

Resulta difícil por lo tanto elegir un cuento. Me permito destacar “El hombrecito del azulejo [1875]”, en el que dos de los protagonistas secundarios son dos grandes médicos de nuestra historia: Eduardo Wilde e Ignacio Pirovano. Sin embargo los verdaderos protagonistas son “Madamme La Morte” y Martin (el afrancesado “hombrecito del azulejo”), quien es capaz de vencer a la muerte, que venía en busca de un niño, narrando un “complicado cuento”, y para eso “Buenos Aires (y la historia de Francia) le brinda sus temas”. Es más: el “hombrecito del azulejo” renace luego de ser dividido por la muerte en dos fragmentos.

No podemos dejar de hacer notar que el libro empieza y termina con fuego. El primer cuento (“El hambre [1536]”) comienza así: “Alrededor de la empalizada desigual que corona la meseta frente al río, las hogueras de los indios chisporrotean día y noche.” El último cuento (“El salón dorado [1904]”) termina así: “Deberá aguardar al lunes, sola en el salón de oro que los cuartos acechan, como animales grises y negros, como lobos y hienas, alrededor de una gran fogata.”

Les proponemos a ustedes el reto de comprender, a través de la lectura del libro, cómo y porqué los sucesivos episodios ocurridos en la ciudad terminan rodeados de un cerco de fuego que los asedia.

No se lo pierdan.

 

Obras  completas de Manuel Mujica Lainez:

  • Glosas castellanas (1936)
  • Don Galaz de Buenos Aires (1938)
  • Miguel Cané (padre) (1942)
  • Canto a Buenos Aires –poemas– (1943)
  • Estampas de Buenos Aires (1946)
  • Aquí vivieron (1949)
  • Misteriosa Buenos Aires (1950)
  • El hombrecito del azulejo
  • Los ídolos (1952)
  • La casa (1954)
  • Los viajeros (1955)
  • Invitados en el paraíso (1957)
  • Bomarzo (1962)
  • El unicornio (1965)
  • Bomarzo, libreto para una ópera con música de Alberto Ginastera (1967)
  • Crónicas reales (1967)
  • De milagros y de melancolías (1969)
  • Narciso
  • Cecil (1972)
  • El viaje de los siete demonios (1974)
  • Sergio (1976)
  • Los cisnes (1977)
  • El brazalete (1981)
  • El escarabajo (1982)
  • Cuentos inéditos (1993)
  • La galera
  • El ilustre amor
  • Importancia
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